En algún lugar

Era sábado, según recuerdo por lo relatado.

Me encuentro con un amigo e inmediatamente le propongo ir a una librería, buscamos entre libros, encuentro la obra completa de José Lezama Lima en la editorial Aguilar, 2 tomos «el cuál no recuerdo haber vuelto a tocar»
El vendedor de los libros, quería más dinero del que estaba dispuesto a pagar, pero al final recordó el precio que habíamos acordado anteriormente y aceptó.

Nos adentramos en las calles del centro de la ciudad, por los cuales a menudo camino, por ese lugar donde nada llama la atención de uno, íbamos a un lugar en el que una puerta de metal con luz neón nos iluminó, al tocar y entrar nos encontramos frente a una imagen de Proust, el sonido de la música era molesto, al entrar por habitaciónes del lugar se alcanzaba a distinguir música de piano, vimos a la gente a orillas de lo que era una barra de Bar, no recuerdo si pedimos algo, tomamos asiento, la música no era del todo mala, pero no era de mi gusto, la gente gritaba y pedía alguna canción que otra, el hombre que tocaba el piano, nos envió un saludo, en el cual mencionó mi nombre e hizo alusión a mí como “persona que le gusta la literatura”.

En ese momento me sentí muy incómodo, más por las divagaciones que se hacían frente a los personajes que se encontraban en el lugar, parecían entre todos darse palmadas a la espalda a manera de ánimo.

Una mujer ebria subió al escenario y comenzó a recitar poemas, que al parecer los estudió tanto, que aún en el estado que se encontraba podía recordarlos de memoria, en ese momento me dio vergüenza por lo que estaba presenciando.

La luz que había dejaba ver cada área del lugar, las pegatinas, y estudiantes que se creyeron la idea de ser poetas malditos alardeando entre ellos.

Él se bajó del escenario y fue a nuestra mesa a hablar un poco y presentarme a algunas personas, para hablar de sus libros y sus vivencias, salimos de ahí, charlamos poco de Lezama Lima en su auto, pero no pudo hacer otra mención más que decir, “Lezama Lima era homosexual” «Me recordó a Proust».
Preferí guardar un silenció por el comentario irónico, existiendo tanto de lo que se puede hablar de la persona de Lima, al salir de ahí todo cambió, se volvió cotidiano, se hablaba de compras, de ir a un supermercado, mi amigo me despidió y yo me baje del auto, para esperar el autobús.

                          

    


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