Nadie había dicho su nombre

Después de una temporada larga sin trabajo, me encontraba desesperado,
Había caído en la monotonía, enviar mi curriculum por todas partes, tocar puertas sin recibir respuestas, desde lo que había estudiado hasta trabajos más sencillos, no recibía respuesta, solía salir a la calle con el viejo tomo del Ulises de James Joyce perderme en las calles de la antigua ciudad, entrar a iglesias, museos y sentarme en cada parque, cebar un mate sacar una libreta e ir escribiendo sin estructura mientras miraba a la gente.
Aquel día paso una persona dando unos volantes, “Vigilante de seguridad $12,000.00  llama hoy y obtén tu entrevista”, no lo dude , llame en ese momento me pidieron presentarme en una casa del centro, no quedaba lejos, me levante y empecé a caminar, en el camino me perdí entre las calles preguntándole a la gente sin el afán de llegar, paré en una esquina y de un sorbo me acabe el mate, leí  un párrafo del Ulises ; “El ladrido del perro se acercó a él, se detuvo , retrocedió a la carrera” Stepehn Dedalus temía a los perros pero decidió acercarse a ellos.

Al llegar sin mucho esfuerzo consegi el trabajo, el hombre me platica los beneficios y que hay que cuidar lugares abandonados, el trabajo es de noche y me dan oportunidad de llevar una radio. leer o escribir es lo que pienso.
 Me piden que pase al patio donde estaban otros 7 casi nadie en forma, platicaban que querían el trabajo,  otros callados fumaban y solo nos veían. Uno moreno se burló por qué yo traía un libro y empezó a decir ¿que es eso? interrumpieron 5 personas con armas y nos dijeron que nos agacháramos, todos traían tenis es lo único que alcanzaba a ver.

-Soy el comandante 15, agachense y póngame atención.

Tenía un acento del Sur, piel roja, los otros tenían cara de niños . Estaba pasando algo raro,  no parecía un curso de trabajo, la persona de la entrada no se inmutó, solo tomo sus cosas y salió.

-Ahora sí, cabrones o se alinean con nosotros o los matamos, yo no me ando con chingaderas.
- No se hagan los listos con el comandante el que diga que no, aquí queda.

Empecé a escuchar que alguien lloraba y oraba y le resaba a la virgen, se hizo el silencio y de pronto se escuchó un golpe seco, el muchacho que había estado al lado mío cayó mancho el piso de sangre y lágrimas.

-Cierre el osico cabrón y amarrese los huevos, ¿no entendió?
Silencio.
-Se van a ir con nosotros, ahora tienen trabajo, tomen sus cosas pero denme su celular.

Uno de ellos tomo el libro de tapas negras que yo llevaba y se le quedó viendo, parecía no saber leer por qué se limito a decir ten tu biblia y me lo aventó a la cabeza. Mientras que otros se reían.

- te vas a tener que poner a orar mucho morro pa' que no te maten.

Nos pusieron una cinta en los ojos el pegamento en cada movimiento me arrancaba la ceja.  sentía cada golpe en la cabeza cada vez que el carro pasaba por un bordo, nos amarraron como cabritos, nadie puso resistencia,  nos movimos al ritmo de la camioneta como en una danza sincronizada, escuchábamos que hablaban y se reían y una música norteña o una acordión, no aguantaba las ganas de hacer del baño y empecé a moverme desesperadamente hasta que me orine, lo caliente del carro hacia que el olor penetrara y de pronto empezó a oler a mierda, uno de nosotros se había cagado.

-Hijos de su puta madre, si alguien se vuelve a cagar los voy a matar a todos.
La camioneta paro, se escucharon que bajaron.
-Trae mucha agua y aceite y unos cacahuates para mi de los japoneses, pinche pelón.

Al parecer íbamos hacia un cerro por qué se sentía que la camioneta se movía hacia arriba, pronto llegamos a un lugar que parecía plano y se escuchó otra camioneta, en la que íbamos se detuvo y se hizo un silencio.
-aguas pendejo, son los guachos
-paso de largo, aquí nos la pelan esos chiriwillos.

 Hacían algunas horas que viajabamos pero ya estaba desorientado, apagaron el carro, me quedé como estaba, el piso me quemaba la cara, sentí un pie a mi lado y me empezó  a quitar las cuerdas y de un jalón me arranco la cinta de los ojos, sentí que mis párpados se despegaban, no grité.

El moreno que venía con nosotros era quien se había cagado y el olor era tan penetrante que al quitarme la cinta de la boca me dieron ganas de vomitar.

Los que iban conmigo estaban callados con la cara hacia abajo, solo se les veía lágrimas mezcladas con tierra, yo había llorado todo el camino y apresar de que no oré, pensé en mi familia, ¿que me iba a pasar?
-¡Hagan una línea!
Alguien que hablaba como un militar nos puso a correr, a hacer ejercicios y nos decía: sin hablar o les voy a dar unos tablazos. al parecer todos tenían miedo de un tablazo, yo le dije que tenía que volver a mi casa antes de las 10 pm y se empezó a reír.

-Te vas a quedar aquí hasta que yo quiera chunco.

- Pero mi familia me espera jefe, ayúdeme.

Al parecer las súplicas no iban a cambiar nada, nos llevaron a el cuarto donde íbamos a dormir todos en el piso con una sabana y nos dijeron que íba a hacer frío, unos minutos más tarde llegaron a mojarnos, todos temblabamos, no teníamos ropa , solo el libro, uno de ellos decía que lo quemaramos para agarrar calor.

-Yo planeo irme, no sé quién se quiera ir conmigo, pero yo me espero unas horas y me pelo.

-Yo me voy contigo.

Nadie había dicho su nombre, yo no les quería decir el mío, pero tenía ganas de salir así que esperamos un momento hasta que se escuchó que roncaban, salimos poco a poco éramos 2, me dijo que no hiciera ruido, pero al salir  no veíamos casi nada, el ruido del cerro se potenciaba, se escuchaba que alguien platicaba a lo lejos, empezamos a caminar y despues a correr. 

- Compa no intenté correr por qué aquí nos van a ver, estos son los malitos y ahorita estamos en su terreno, si nos agarran nos matan o nos dejan a nuestra suerte.

Bajamos con mucho cuidado y al amanecer nos sentamos, se escuchaba a lo lejos que pasaban camionetas y algunos disparos. la persona que iba conmigo solo se me quedaba viendo que estaba temblando y preguntaba que por qué me había traído el libro, no le contesté.

Salimos al lado de una carretera y nos escondímos, no pasaban carros, no hablamos.

- si pasa un carro, no salgas

A lo lejos una patrulla paso y le empezamos a gritar, se retorno y prendió la torreta, no podía ver nada. Estábamos salvados.

-Que paso jóvenes, ¿Se perdieron?
-A este me lo chingo yo.
 pero la suerte no estaba de nuestra parte, nos agarraron y nos regresaron a la casa, 50 tablazos a cada uno, nos destrozaron la espalda y las nalgas, yo lloraban por qué sentía como golpe tras golpe se abría la carne, era una tabla grande cada vez que pegaba movía mi cuerpo en seco, al finalizar no podía gritar ni llorar, me había quedado afónico.
- Ahora sigues tu mi rey ja ja já.
En la hora de comida me ayudaron a sentarme en la mesa, ese día no comimos, pero el de la voz que me había  preguntado si era una biblia me pidió que le leyera, 
Empecé a leer el inicio del Ulises dónde imita el inicio de una misa "introibo ad altares Dei".

- Amén, tu si eres un sacerdote (se empezó a persinar)

Pasaban los días todo era monótono, no nos permitían hablar con nuestra familia, no nos dejaban hacer nada, más que entrenar.

Leía por la noche y algunos se acercaban a escuchar, nadie decía su nombre solo, mijo, flaco, plebe, carnal, bro, mi pendejo. a veces se escuchaban lamentos y después ronquidos, olía  a marihuana otros fumaban foco, yo no quería.

-agarren sus cosas vamos para afuera!

Nos subimos a una camioneta negra, y nos fuimos a una misión que se nos explicó rápido.

-estos son contra, vamos a calentarles la plaza
-tire a lo que se mueva.
-que lloren en tu casa o que lloren en la de ellos.
-Dale fuego a todos, aquí las órdenes se acatan, no se cuestionan.
Llegamos, era una casa normal, 3 camionetas alrededor, empezamos a bajar tácticamente y nos metimos, el olor a pólvora y el dolor de tímpanos.
-si pisas los casquillos te caes a la verga.
Íbamos cuarto por cuarto, el olor a óxido era penetrante, se escucharon unos disparos.
- ve a ver y dales la atención.
El moreno parecía divertirse, gritaba y disparaba, a cada disparo se veía su sonrisa.
-para que vean quien mandá 
-¡ya están desmadrados! 
Al intentar entrar a un cuarto empezaron a disparar y el moreno se cayó, le habían perforado el chaleco y le entraron varias balas, sus pupilas estaban dilatadas, sonriendo daba sus últimos suspiros, salió alguien de adentro del cuarto.
-!me rindo jefe!
- !cuál me rindo puto, esto no es un juego!
Agarraron al muchacho que acababa de matar al moreno, el que iba a mi lado saco un cuchillo y le empezó a cortar las manos.
 
-tire paro jefe, por su jefita.

Pero solo se reía y seguía cortandolo, hasta que llegó a la garganta, la sangre salía y aún que se manchaba le seguía, yo me quería vomitar, pero me aguantaba, nos había matado al moreno.
Les dejamos la cabeza en la entrada de la casa, en lo que estuvimos ahí no llego la policía.

-Dale pa atrás 

Volvimos a la casa, como pude me tire en el piso del cuarto, tenía ganas de vomitar, días sin dormir, los calcetínes rotos y mucho tiempo sin bañarme.
Al siguiente día nos iban a desplegar, nos mandaban a cuidar una zona, yo estaba dormido me dieron unas patadas, al bajar al pueblo iba a intentar huir nuevamente, iba a correr y si era necesario les dispararía a los míos.

Lo que sigue fue muy rápido, al ir bajando por una brecha nos salieron los soldados nos empezaron a tirar, nosotros intentamos repeler el fuego los superamos en cantidad pero ellos eran estratégicos, pude ver cómo el que iba al lado mío le disparaban en la cabeza y como se desvanecía, al chocar conmigo yo empecé a disparar sin control a los de la misma camioneta, y una bala le pegó a mi chaleco, me aventó para atrás un metro y empecé a perder el aire, me arrastró un compañero y a los minutos pude volverme a defender.

-te rompieron la placa flaco tírate pa atrás.

Fuimos abatidos,  otros gritaban, yo empecé a pedir ayuda a los soldados, les iba a contar que me habían secuestrado, pero apareció un soldado y de  una patada  se desvaneció todo.

Intenté decir que me habían reclutado por error, me costaba hablar.
No era yo a quien buscaban pero todo era en vano, ellos se reían y se divertían.

-Sí chamaco, pura verga (risas)
-¿que les hacemos comandante?
-ponganse relax.
Me subieron, pude ver de cerca a los que iban en la camioneta conmigo, casi todos estaban muertos, de la otra camioneta bajaron a otro  con varios disparos en el cuerpo y lo trajeron.

Escuché su voz

- Amigo por favor léeme un poco de la Biblia, Tome el libro de Ulises y empecé a recitar.

Tac. Tac. Tac.
Oren por él imploró el bajo de dollard. Ustedes que oyen en paz. Susurren una oración, derramen una lágrima buenos hombres, buena gente. Él era un muchacho rebelde.

Tac. Tac. Tac. Todo oscureció.


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