"Abrí el libro"
Tras años indagando sobre "la infinidad del alma" en la hermenéutica, esperaba la llegada de un libro traducido por Samarach, durante algunas noches no dormí entre lecturas nada relevantes, apuntaba ideas, pensaba en ellas, cuando me encontraba en la página 135 de la edición Biblioteca de I.F. se me cerraban los ojos, cuando ví que era lo que leía "Georgias o de la retórica", traducido por Francisco García Yagüe, directo del griego.
Llamó mi atención que al pasar de página cayó un exlibris suelto, el cual era propiedad de "Mario Aretz",
El libro venía de otra parte del país pero yo sabía que tenía un libro con el mismo sello, al parecer trabajado a mano antiguamente con unas líneas fugantes milimetricamente trazadas.
No había prestado atención en el simbolismo de éste, me paré de la mesa y caminé al librero más alejado, en la segunda fila a la derecha se encontraba el libro al que no había prestado atención.
El título era "Anima Mea" libro del año 1813 del escritor Joseph Du Pardu al parecer botánico. Al abrirlo encontré el mismo sello, parecía litografía, tenía la misma mancha de los años. «no los comparé» al hojearlo encontré el texto "Los secretos de los Vedas", comencé a leerlo sin mayor importancia, hasta que encontré "El alma no trascenderá hasta deshacerse de los enemigos internos", ¿enemigos internos?, cerré el libro conmocionado por el descubrimiento, encontré lo que buscaba, las manos me temblaban.
Intentando no perder un segundo tomé la pluma fuente y le quité el capuchón, traté de subrayar la palabra "alma" y salió la tinta manchando todo de un tono azuloso que hizo perder todas las palabras, consternado intento escribir para no olvidar ni una palabra de lo leído, sin hacer salir ni una palabra de la pluma, escucho una voz que me paraliza.
Abro los ojos, entre la vigilia intento bajar a la sala, llego a la biblioteca, tomo el libro y al buscar la misma hoja en la que había encontrado el texto, ésta no estaba.
Despierto, estoy en la sala junto a la biblioteca, rodeado de libros, me quedo mirando hacia el librero, alcanzo a ver el libro acomodado en su lugar, doy un trago al café frío.

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